martes, 15 de diciembre de 2009

Hidrogimnasia

El Bondi tardó más de lo esperado. Los semáforos se hicieron los vivos y, para colmo, mi reloj estaba retrasado. Pero llegué, me metí en la ducha y, apenas terminé de mojarme, cerré la canilla.
Corretié hasta donde estaba la clase y ni miré hacia la derecha, sólo le dije a la profesora “perdón por llegar tarde”. Y recién ahí miré para el otro lado (promedio de edad: 70 años).
El agua estaba a temperatura ideal. Las viejas estaban copadas. La profesora marcaba pasos en base a alguna canción de Maná. Yo pensaba ¿qué hago acá?
Quedaban 30 minutos de clase y, poco a poco me empezó a gustar; me empecé a dar cuenta de que si hacés debidamente los ejercicios según los propone la profesora, es tremendo ejercicio.
En un momento, noté que el movimiento de agua alrededor mío era demasiado grande, en comparación al movimiento general.
Las expresiones en las caras de las viejas era como si las hubiese dejado a todas iguales. Porque a pesar de que las caras eran distintas (y sus respectivas gorras), las expresiones eran todas iguales: caras de cansancio, ansiedad y “no escuché nada de lo que dijo la profesora”.
Por eso en un momento, para varias compañeras de clase, me convertí en su guía. Me miraban en cada cambio de ejercicio mientras me imitaban. Y me preguntaban ¿cómo es ahora? ¿Cómo van las piernas? Y me comentaban: Ahhhh no, yo no puedo. Ahhhh pero ¡a vos te sale bárbaro! Al terminar la clase, quedé con tremendas ganas de nadar. Pero me tenía que ir.
Así que la próxima, iré con más tiempo, para no decepcionar a mis chicas y gastarme los brazos inquietos.

2 comentarios:

fd dijo...

vértebras?

JuanT dijo...

Hidroterapia?

Tas en edad de hacer 20 piletas che! La hidro dejala para cuando el BPS te pase una mensualidad

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