viernes, 14 de diciembre de 2007

M

–Cero nueve nueve, equis equis dos, uno equis equis –inexplicablemente, esos nueve números, y en ese orden, salieron de tu boca. Quizá un par de whiskies influyeron. O la euforia de ese día. O una simple, y buena, primera impresión. No acostumbrás darle tu celular a cualquiera. Tampoco es que te lo pasen pidiendo.
Recién, un mes después, empezaron los “mensajitos de texto”. “No te llamé porque tenía novia, pero me acuerdo perfectamente de vos; quiero que nos veamos, ojalá no sea tarde”. Juntaba todas las características del típico archiconocido cuentero –y algunas más–. Algo te atraía: el penthouse donde vivía solo, el buen laburo donde estaba acomodado o ambas cosas.
–A las nueve en Don Trigo.
El verano había empezado a instalarse. Llevabas un pantalón suelto, blanco y una camiseta verde agua, corta y ajustada. Traías, debajo del brazo, “Demian”, de Hermann Hesse; él, las llaves del auto. ¿De qué hablaron esa noche? Nadie recuerda.
Fue la segunda vez que se vieron que comenzó el contacto, el acercamiento corporal; cuando empezó a descubrir tu Ralph Lauren y empezaste a querer su L'eau d' Issey, cuando empezó a acariciar tu pelo lacio y tus dedos finos y largos. Cuando a todo esto se agregó esa palabrita clicheé que tanto detestás: química. Palabrita que multiplicó grados y más grados.
Vibró un par de veces y leiste: “toy en la puerta”. Te pusiste una campera y saliste; no te gustaba el gusto a cigarro que tenía en la boca. De fondo sonaba un tema de Jamiroquai. Fueron a cenar y a su apartamento: entre cama a medio hacer, helado y Baileys, supieron divertirse. Fue la primera noche de sexo. Tranquilo. Amarillo.
No te importaba que estuviera con otras y no te importaba de verdad; pocas veces te pasó eso. A veces, él fingía estar interesado en tu vida amorosa y social; vos, ser superficial. Te encantaba desdoblarte y hablar de estupideces por ese rato: de marcas, de ropa, de autos... Te gustaba que un hombre te dijera qué bien quedaban esas botas con ese saco. Te gustaba que te pase a buscar por La Española con Coca light y pasitas bañadas. Te gustaba y no te gustaba pasar los cien kilómetros por hora.
Los demás eran buenos tipos, estudiantes, inteligentes, divertidos, ávidos por crear, por sorprenderte. Pero… faltaba la palabrita.
Por momentos pensabas que qué hacías con un tipo así, qué te dejaba, de qué te servía. No le gustaba el cine… ¿De qué estamos hablando?
El pico fue la estadía en Punta del Este. Él, queriendo inculcarte a Los Ramones; vos, a Calamaro. Solos, él y vos. El bóxer blanco y el culotte de algodón. Playa. Hierbas. Piel tibia, quemada. Poros. Sentidos. Juegos. Estética. Masajes. Feromonas. Amarillo.
Naranja.
Rojo.
Por momentos había sentidos descontentos, sentimientos de culpa, vacío, algo de arrepentimiento... llegabas a sentirte inauténtica, divirtiéndote con un pelotudo que no tenía idea de qué era la vida, de quién era él y de quién eras vos; aunque siempre volvías a verlo, porque te embelesaba, porque pasaban bien, porque pasaban muy bien. El carácter de lo ineludible lleva a la aceptación –no a la resignación–.
Después de todo eras libre de actuar como quisieras y, un buen día, terminaste dejándolo, fue más fácil de lo que creías (aunque no era la primera vez que lo intentabas). Entre tanta conexión y desconexión, entre tanto y tan poco, lanzó cuatro palabras: “me gusta tu vida”.

16 comentarios:

tan versátil como acústica dijo...

en esos contrastes tiende a creerse que hay un complemento, sin embargo la gente puede durar más con los parecidos, tal vez porque no asustan.

Mayfly dijo...

A veces es cuestión de disfrutar y no plantearse demasiadas cosas, no pemsar demasiado.

El Gogy dijo...

Estimada:
siempre me sorprendo con sus textos, pero en este caso no hablaré de ellos, sino de la historia que nos cuenta. Todos tenemos derecho a pasarla bien sin preguntar con quién, al menos, una vez en la vida.
Hacerse preguntas está bien, siempre que no nos consuman, y parece que a usted no le pasa eso, asique adelante con sus preguntas.
Por cierto, "...me gusta tu vida..."... puff! tiene fuerza.
Saludos.

valentina* dijo...

Lou: Hace tanto que no paso por acá (obviamente que no es porque no quiera). Me encanta leerte. Creo que tenés una sensiblidad especial para contar. Algo así como un don.
Y también creo que lo sabés.
Te mando un abrazo. Siga adelante con este blog que está muy bueno.
Val.

Mr. Vriyante dijo...

Va a sonar horrible lo que voy a escribir (nunca tuve mucho tacto y odio callarme) pero después de leer este post creo que me solucionaste un par de problemas de pareja.
No quiero ser un tipo de "buen laburo" que vive en un Penthouse, veranea en Punta e invita minas a Don Trigo.

Gon dijo...

El Gran Lebowski
El Gran M

alotropico dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
alotropico dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
alotropico dijo...

Es curioso, conozco una historia similar; sólo necesito escribirla (y corregir los errores tipográficos):

Un filósofo vivía sólo en la montaña. Llegaban personas de muchos lugares a hablar con él, gente que sabía pensar, que desarrollaba las últimas maravillas de la ciencia, mujeres que describían la naturaleza metafísica de la maternidad y el estado de su alma en un mundo de genalogía masculina, llegaban negras que inventaban un baile para cada estado del clima y cada momento del día, y vikingas pelirrojas que cocinaban postres atractivos y exquisitos, aspirantes de sabios, inquietos curiosos, a conocer y adorar la mente tenaz y voluntariosa del filósofo.

Pero a él le gustaba una oveja de la montaña. La oveja lo desembarazaba de sus esfuerzos y su moral, siempre olía bien, vivía en un tiempo dilatado, con un código diáfano, y su deseo era inagotable. Se acariciaban, iban a los lugares simples y ella tenía siempre la mejor lana. Como quien dice: había química entre ellos.

El filósofo y la oveja se echaban junto a la orilla del río bajo el tibio sol, y se perdían entre caricias, ella feliz masticando el césped, inmediata a su propia naturaleza, él retornando a lo primitivo de si, desaprendiendo el vicio ritual de la civilización, como un niño cuyas herramientas (la razón y la experiencia) estaban al servicio de su onírica ternura.

Sólo unas pocas tradiciones conservaban juntos, y no las complejas tradiciones del filósofo, que plantea una hipotesis y la prueba con rigor creador, sino la sencilla tradición de la oveja, que se acuesta con el sol y marcha con el rebaño. Así pasaban los días irreflexivos de sensualidad e intensas miradas. Ella, vegetariana, le enseñaba a él la paz y él el nombre de la estrellas, bajo las cuales ella se contaba a si misma al quedarse dormida entre sus brazos.

A menudo el filósofo perdió la calma, preguntándose si saturada la experiencia de los sentidos, tenía algún sentido aquél romance, si acaso una mente cuyo límite se pierde en el infinito puede encontrar su lecho perpetuo en la limitada textura de unas suaves lanas. "¿Quién soy? ¿Quién sos? ¿Quiénes somos?" Le preguntó una mañana a la oveja; ella respondió: "Veee". Él, abriendo los ojos, sintió bajar hacia su estómago un deseo caníbal, quiso exceder su deseo y perder la quietud del amor en un arrebato de pasión; sabiendo que la vida es una tragedia, adelantandose a la muerte, la provocó prematuramente en ella, a modo de almuerzo, bajo la forma de un asado de cordero.

Mientras ella se desangraba en sus brazos, lo miró en silencio, llena de piedad, sin mostrar una sombra de rencor u odio por el amado traidor que había acabado con su vida, sino tan solo perplejidad ante una muerte que ella nunca había previsto, como no había previsto la muerte misma. Suave como siempre y temblorosa, con el último vestigio de su aliento murmuró: "veeeee".

Santiago dijo...

yo tampoco quiero ser ese man...
"me gusta MI vida"
saludos

Leso dijo...

boaah!, diste todas las caracteristicas del estereotipo mas consumado del cheto...en fin esta bueno entregarse a un "amor" pasajero o superficial de vez en cuando, pero, pierde la gracia cuando dices "que mierda hago aquí!???..."

Tach dijo...

Ejercer el amor es un huevo! Le tenemos TERRRRRRROR a la libertad!

Tach

PD: bonito blog, sensible.

MAYA EN CIUDAD NOSTALGIA dijo...

Lou: Realmente lo has contado de una manera que me atrapó desde el primer número. El ritmo sobervio. Y bueno, hay tipos y tipos. Que se puede pedir de un planeta tan variopinto como el nuestro.

Ojo con esas cuatro palabras finales: PELIGRO.

Beso preciosa,

Maya

Anónimo dijo...

WOW

hombretresx dijo...

otra vez...esto lo leí.
Aunque reniegues hay un lado de él que te gusta demasiado.
volves y eso debe tener un por qué.
Besos y buen 2008!!!

El ruso dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.

Acerca de mí

Mi foto
Montevideo, Uruguay